Migraciones ambientales: cuando quedarse deja de ser una opción

Sequías, inundaciones, incendios, desmontes y el avance de la frontera agrícola están asociados al abandono de hogares en el Gran Chaco Americano. Una investigación trinacional busca conocer a fondo el fenómeno para actuar en materia de prevención y protección.

Dejar la casa, la comunidad y el territorio en el que se construyó una vida. Alejarse de una cultura y de formas de subsistencia profundamente vinculadas al lugar. Las migraciones ambientales tienen consecuencias que van mucho más allá de un cambio de hábitat.

Millones de personas en el mundo se ven obligadas a abandonar sus hogares por razones ambientales: incendios, inundaciones y sequías, pero también la explotación de los recursos naturales y la crisis climática, están detrás de grandes movimientos de población.

El Gran Chaco Americano no es ajeno a ese fenómeno. Por el contrario, las migraciones ambientales ya son una realidad y el riesgo es que aumenten durante los próximos años.

Con 1,1 millones de kilómetros cuadrados, 9 millones de habitantes y 29 lenguas, el Gran Chaco Americano constituye una amalgama de culturas asentadas en el bosque seco subtropical más grande del mundo. En ese enorme territorio compartido por distintos países, el deterioro de las condiciones ambientales está afectando también la posibilidad de sus habitantes de permanecer en los lugares donde viven.

Cuando el ambiente empuja a migrar

El aumento de las temperaturas, la escasez de agua, las sequías y los procesos de desertificación, las inundaciones, los desmontes y los incendios forman parte de las problemáticas que atraviesan actualmente al Gran Chaco Americano.

A ellas se suman la ampliación de la frontera agrícola y los impactos negativos de la construcción de infraestructuras.

En ese escenario, existen movimientos de población de diferente tipo relacionados -directa o indirectamente- con la crisis climática, la degradación ambiental, los desastres y el modelo de desarrollo imperante.

El problema adquiere una dimensión especialmente profunda cuando desplazarse significa también dejar atrás el arraigo con el territorio, prácticas culturales, vínculos comunitarios y medios de subsistencia.

Y el impacto de esta realidad golpea a unos sectores más que a otros: entre las poblaciones particularmente afectadas aparecen las comunidades indígenas, las mujeres y la juventud chaqueña.

Una investigación pionera y transfronteriza

Comprender esa compleja relación entre ambiente, clima y movilidad humana fue el objetivo del proyecto “Migraciones Ambientales en el Gran Chaco Americano”, desarrollado durante más de dos años a solicitud de un consorcio conformado por 11 autoridades subnacionales, actores de la sociedad civil, una organización regional y la academia.

Se trata de la primera investigación regional y transfronteriza sobre la problemática, con participación de autoridades subnacionales de Argentina, Bolivia y Paraguay y una metodología que coloca las voces de los chaqueños y las chaqueñas en el centro del análisis del territorio.

El proyecto forma parte de la iniciativa “MIgration EU eXpertise+” (MIEUX+), financiada por la Unión Europea e implementada por el Centro Internacional para el Desarrollo de Políticas Migratorias (ICMPD).

También participan Redes Chaco; Fundación Pronorte; Fundación para el Desarrollo Productivo, de Argentina; la Asociación de Mujeres Libres del Norte de Córdoba (MULINEC), también de Argentina; y el Grupo Sunu de Acción Intercultural, de Paraguay.

El trabajo permitió elaborar un diagnóstico regional y, a partir de sus resultados, avanzar en lineamientos de política pública sobre migraciones ambientales.

Del diagnóstico a la acción 

La investigación constató movilidades asociadas a la escasez de agua, las sequías y la desertificación, la deforestación, las inundaciones y los incendios forestales. Pero una de sus conclusiones centrales es que existen posibilidades de actuar frente a estos fenómenos desde los niveles subnacionales.

Los lineamientos desarrollados a partir del estudio se estructuran sobre cuatro ejes: gobernanza, preparación, promoción y protección.

La propuesta supone modificar una lógica muy instalada frente a los desastres ambientales: pasar de reaccionar ante la emergencia a anticiparse a ella mediante políticas de prevención y protección.

Entre las acciones planteadas aparecen proteger los medios de subsistencia locales, invertir en la juventud chaqueña, incorporar la movilidad humana a las agendas de sustentabilidad, fortalecer las capacidades locales y fomentar el trabajo colaborativo en red.

También se propone desarrollar sistemas de alerta temprana, establecer protocolos preventivos comunitarios y continuar produciendo información que permita comprender mejor este fenómeno, complejo y a la vez cambiante.

Agua, territorio y derechos

La prevención tiene, además, condiciones básicas. Una de ellas es garantizar un acceso digno al agua como derecho humano fundamental para la vida. A ello se suman el acceso a la salud y la educación.

El diagnóstico coloca también en un lugar prioritario a las comunidades indígenas y plantea la necesidad de avanzar en la demarcación y titulación de sus territorios, así como desarrollar un abordaje integral de las movilidades ambientales, particularmente en los procesos de reubicación.

Las políticas, sostiene el proyecto, deben construirse mediante intervenciones integrales y con la participación y colaboración de las comunidades y poblaciones locales.

En ese proceso resulta central poner en valor a los pueblos indígenas como actores estratégicos y reconocer el papel de las mujeres y de la juventud chaqueña, incorporando también un enfoque de género a las respuestas.

Que migrar no sea la única alternativa

El estudio parte de una constatación pero también funciona como una advertencia, y es que la movilidad humana provocada por factores ambientales y climáticos ya existe en el Gran Chaco Americano y puede profundizarse en los próximos años.

Por eso, abordar las migraciones ambientales no implica solamente pensar qué hacer cuando una familia o una comunidad tiene que abandonar su territorio sino que, además, supone actuar sobre las condiciones que deterioran sus posibilidades de permanecer en él y construir herramientas para anticiparse a las emergencias.

El proyecto se presenta, en ese sentido, como un punto de partida para articular a gobiernos, organizaciones, academia y comunidades frente a desafíos que atraviesan fronteras.

El equipo de investigación estuvo conformado por Erika Pires Ramos, Beatriz Felipe Pérez, Giovanna Gini, Giovanna Tipán Barrera, Léa Monteillet, Liliana Kremer, Marcelo Gonzáles, Mariana Franco y Zenaida Lauda-Rodríguez.

El desafío que se plantea este trabajo es tanto ambiental como social: construir un Gran Chaco en el que enfrentar la crisis ambiental no signifique solamente atender a quienes deben irse sino generar las condiciones para que quedarse siga siendo una posibilidad.

Fuente y más información: https://redeschaco.org/migraciones-ambientales-en-el-gran-chaco-americano/

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