“No hay democracia ni igualdad sin participación y acción colectiva”

Félix Bombarolo, facilitador de procesos colectivos, advierte sobre la importancia de los movimientos ciudadanos en la construcción de incidencia para lograr una sociedad más inclusiva

Por Félix Bombarolo

Miles y miles de personas organizadas de muy diversas formas —estudiantes, gremios, colectividades, personas discapacitadas, jubiladas y jubilados, militantes de partidos políticos, vecinas y vecinos de una comunidad, socios de clubes barriales, ex combatientes de Malvinas, médicos y personal de la salud pública, cooperativistas, trabajadoras y trabajadores de mundos laborales diversos, comunidad LGBTIQ+, y tantos otros…— se juntan, conversan, discuten, organizan, proyectan, marchan, se entusiasman, protestan, proponen… cada día, en cada rincón de la Argentina.

Esa es la savia que nutre a nuestro pueblo. Gentes reunidas dando un sentido colectivo, una identidad a una comunidad de cincuenta millones de personas. Afortunadamente, atesoramos una rica experiencia en la gestación y desarrollo de
espacios y movimientos ciudadanos, a veces impulsados o estimulados desde la cultura dominante -el poder económico, el Estado, los medios de comunicación, las redes sociales…-, a veces no tanto.

A mediados de 2026, atravesamos un tiempo en que los valores de la democracia se ponen en juego, en que el sentido y legitimidad del Estado es cuestionada, en que el desarrollo individual se enaltece, las políticas públicas se desfinancian y la acción colectiva se desmerece; aun así, persisten, con sana obstinación, numerosos intentos por sostener espacios de participación ciudadana.

¿Por qué persisten?, ¿cómo afrontan, resisten y sostienen sus luchas, demandas y propuestas creativas e identitarias los movimientos ciudadanos en esta etapa económica, social y política?, ¿qué rol asume el Estado antes esta persistencia?

Proponemos algunas hipótesis para pensar esta entusiasta y renovada persistencia; las hipótesis se nutren de enfoques sociológicos, antropológicos, políticos, psicológicos diversos, pero, sobre todo, de la observación de quien suscribe:

1. Somos con otros, somos seres gregarios, no hay realización estando solos -nadie se salva solo-; por más que la ideología dominante nos conduzca o impulse a desarrollarnos individualmente -lo privado, el desarrollo personal, el
aislamiento digital-, hay evidencia suficiente -generada a lo largo de la historia humana- que indica que somos con otros, que nos realizamos colectivamente: por protección, por necesidad de afecto, por solidaridad, por identidad; tenemos comportamientos tribales y los valoramos, tal es así, que uno de los castigos más crueles que se han infringido a las personas desde siempre ha sido el destierro, el ostracismo, el confinamiento; tal es así, que uno de los principales motivos contemporáneos de preocupación, es la soledad.

2. La dimensión material de la vida humana no reemplaza la necesidad del vínculo, del encuentro afectivo, del lazo social, de la emoción, del abrazo, del amor, no la suple; la acción colectiva es un indicador de calidad de vida, de desarrollo y de bienestar, tanto o más relevante que el PBI per cápita, el nivel de inflación, o la balanza comercial; de los seis indicadores principales analizados en el Informe Mundial sobre la Felicidad Humana de 2026, solo uno  es económico, el resto está asociado a la contención social, la confianza, la solidaridad y la vida en comunidad; la acción colectiva es generadora, pues, de una mejor calidad de vida.

3. Necesitamos sentirnos parte, identificarnos con un colectivo; participamos en numerosos espacios asociativos: una cooperadora escolar, un coro, el consorcio de nuestro edificio, el club de nuestros amores, el grupo de ex alumnos de tal o cual colegio, la sede barrial de un partido políticos, el grupo de amigos del barrio, etc.; somos parte de numerosas ‘tribus’, salimos a calles y espacios públicos con nuestra ‘camiseta’, con nuestros cánticos, con nuestros estandartes; en ese afán de ser parte se sustenta, también, el trabajo en equipo, promovido entre deportistas y gestores culturales del mundo empresario.

4. Somos cuerpos que necesitan de otros cuerpos, desde que somos en este planeta somos tocándonos, oliéndonos, sintiendo nuestra carne apretada en un abrazo, somos el calor que emanamos, nuestro lenguaje corporal; la acción
colectiva nos permite reconocernos en ese sentir existencial ancestral, originario; la digitalidad -y el aislamiento que propone- pone en crisis este encuentro, lo limita, lo atrofia, lo impide en algunos casos; buscamos porque necesitamos el encuentro con otras y otros.

5. No hay ni democracia ni igualdad sin participación y acción colectiva; es en el espacio público donde ciudadanas y ciudadanos se muestran en situación de igualdad, es la acción colectiva la que materializa ese encuentro, lo potencia; es la participación en acto la que sostiene la esencia del sistema democrático, la instancia que nos permite superar el esquema representativo formal -tan desacreditado, cuestionado y limitado- y pasar a un sistema democrático participativo -en movimiento, intenso, legitimo, vivo-; somos seres políticos que peleamos por nuestros derechos, por nuestros ideales, por
nuestros modos de concebir el mundo; participar en acciones que incidan en la vida pública es un gesto democrático sano y deseable.

Así culmina este recorrido argumental alrededor del sentido y persistencia de la acción colectiva, un aspecto constitutivo de la condición humana aún presente y saludable, a pesar de todo, en la Argentina del siglo XXI.

Abogamos, pues, por seguir construyendo un país cada día más democrático, intenso, legítimo, con más y más espacios de participación, de movilización social; abogamos, para que eso suceda, por más y más políticas y programas públicos que tengan en cuenta, cuiden y promuevan la participación ciudadana; abogamos, entonces, porque se reproduzcan más y más conversaciones, abrazos, encuentros, protestas, cánticos, ferias y fiestas populares en cada pueblo y ciudad de la Argentina.

 

Félix Bombarolo es arquitecto, estudió sociología y escritura narrativa; es titular de la cátedra de Planificación Participativa en la Maestría en Planificación Urbana y Regional de la UBA; facilita procesos colectivos en América Latina en diversos temas y contextos: políticas públicas, proyectos sociales y cambio cultural -en empresas, OSC y Estado-.

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