Por Andrea Vulcano
Durante mucho tiempo, la puerta de entrada al mundo laboral era, al mismo tiempo, una etapa de aprendizaje. Los jóvenes accedían a su primer trabajo sin experiencia y era justamente en el recorrido cuando adquirían conocimientos y habilidades que les servían luego para avanzar profesionalmente.
Las exigencias del mercado laboral unidas a la irrupción de la inteligencia artificial (IA) están alterando esa lógica y abren una paradoja difícil de resolver: mientras las empresas demandan experiencia para contratar, algunas de las tareas que permitían adquirirla son justamente aquellas que las nuevas tecnologías pueden reemplazar.
Frente a un escenario que combina las históricas dificultades de inserción laboral juvenil con una acelerada transformación tecnológica, empresas con presencia en nueve países de América Latina decidieron articular esfuerzos y lanzar Move the Future, un movimiento regional que busca ampliar las oportunidades.
La iniciativa parte de un diagnóstico preocupante: más de 56 millones de jóvenes en la región están desempleados o subempleados, según señalan sus impulsores. Esa problemática estructural está atravesada ahora por un desafío adicional: la irrupción de la IA.
Sin duda, se trata de una realidad que bien puede profundizar las dificultades de acceso al trabajo pero que, al mismo tiempo, puede generar oportunidades si los jóvenes tienen las herramientas para aprovecharlas.
Firmas como Accenture, Accor, AWS re/Start, EY, Fundación Forge, Scotiabank, Universal Assistance, Zurich, Z Zurich Foundation y Zurich Santander -entre otras- ya se sumaron a Move the Future.
En tanto, la Fundación Forge actúa como impulsora y articuladora del movimiento: “Después de más de 20 años trabajando con jóvenes en América Latina, entendimos que, para transformar realmente la realidad del empleo juvenil, no alcanza con preparar a los jóvenes para el mundo del trabajo sino que también tenemos que hablar con las empresas, que son las que generan puestos de trabajo y dinamizan la economía”, sostiene en diálogo con Intersección la directora de alianzas globales de la organización, Andrea Méndez Mingramm.
En ocasión del lanzamiento de la iniciativa, en julio pasado, se realizó una reunión virtual que congregó a 450 representantes del sector privado, organismos internacionales y especialistas. El encuentro se desarrolló bajo un título más que elocuente: “Generación IA: el futuro del trabajo comienza hoy”.
“‘Move The Future nace para cerrar la brecha del desempleo de la población joven conectando su potencial con las oportunidades del mundo empresarial.
Creamos puentes entre jóvenes y empresas. El problema no es el talento; es la falta de oportunidades”, plantea el movimiento en su página web.
Actuar en red
La iniciativa parte también de otra premisa: ninguna compañía puede enfrentar por sí sola las transformaciones que atraviesan al empleo juvenil. Por eso, el movimiento se propone constituir una red empresarial que permita compartir experiencias, modificar prácticas de contratación y generar oportunidades concretas para quienes intentan dar sus primeros pasos en el mercado laboral.
“Formar parte de ‘Move the Future’ significa integrarse activamente a un consorcio regional co-liderado por empresas líderes para unificar esfuerzos, compartir buenas prácticas de manera transparente y co-diseñar soluciones ante la brecha de inclusión laboral juvenil en Latinoamérica. No es una adhesión pasiva, sino una invitación a ser parte de una red de acción conjunta”, explica en diálogo con Intersección Ana Muro, secretaria Técnica de Move the Future.
En tanto, desde la Fundación Forge se proponen sumar al movimiento una perspectiva peculiar: la de los propios jóvenes. “Queremos que las decisiones sobre el futuro del trabajo no se construyan solamente desde las organizaciones, sino también escuchando a quienes están comenzando sus trayectorias laborales”, plantea Andrea Méndez Mingramm.
¿Qué implica sumarse al movimiento?
En el corazón de la propuesta aparece un cambio de enfoque. Durante años, buena parte de las respuestas frente a las dificultades de inserción laboral juvenil estuvieron centradas en preparar mejor a quienes buscaban empleo. Move the Future apunta a mirar también el otro lado de la relación.
“No podemos poner toda la responsabilidad de cerrar la brecha sobre los jóvenes; también tenemos que trabajar sobre el lado de la demanda”, advierte Méndez Mingramm.
La participación de las empresas contempla, por eso, dos grandes líneas de acción: una hacia adentro de las propias firmas y otra hacia afuera. La primera pasa por un camino de transformación orientado a revisar progresivamente los propios procesos de atracción de talento de cada compañía.
En ese punto, la intención es derribar sesgos y adaptar los esquemas de contratación a los tiempos actuales. Además, la idea es que desde el propio sector privado se promuevan vacantes, tutorías y programas de mentoría que faciliten el acceso de jóvenes al mercado laboral.
Una agenda regional
En tanto, la segunda línea de acción del movimiento busca la construcción colectiva de una agenda regional, con la intención de que las empresas compartan experiencias y buenas prácticas, y participen de espacios de diálogo, intercambio técnico y ‘benchmarking’ para identificar estrategias que puedan extenderse a otros integrantes de la red, detalla en diálogo con Intersección Ana Muro.
En este sentido, subraya que el objetivo inmediato de Move the Future es ampliar la red de aliados mediante la incorporación de nuevas compañías y cámaras empresariales y que, más a largo plazo, la aspiración es mayor.
“Más allá de promover contrataciones aisladas, buscamos incidir directamente en las políticas del sector privado para transformar la cultura organizacional y promover prácticas de contratación más inclusivas que reconozcan el valor de perfiles y contextos diversos”, afirma la argentina Ana Muro.
Una puerta cada vez más estrecha
El lanzamiento de la iniciativa a nivel regional encuentra a la Argentina con un contexto particularmente complejo para ese grupo etario. “Tenemos jóvenes que quieren trabajar y empresas que necesitan talento, pero ese encuentro no siempre sucede”, resume Méndez Mingramm.
La paradoja argentina -plantea- tiene además características particulares. El país cuenta con un sistema educativo de amplia cobertura y con una extensa tradición de educación pública, técnica y universitaria. Sin embargo, esa estructura no necesariamente se traduce en una transición sencilla hacia el mercado laboral.
“Esa fortaleza educativa no garantiza por sí sola una transición fluida hacia el empleo”, sostiene la directora de Alianzas Globales de Fundación Forge.
“Para muchos jóvenes, el salto entre terminar la escuela y comenzar la vida laboral continúa siendo enorme”, agrega.
Un reciente informe del Observatorio Económico Social de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), elaborado a partir de información del INDEC, determinó que la informalidad laboral alcanzó el 44,2% durante el primer trimestre de 2026, frente al 42,1% registrado en el mismo período del año anterior.
Entre los jóvenes, la situación resulta especialmente crítica: la porción de personas de entre 19 y 25 años que accede a un empleo formal cayó del 43,5% en 2016 al 34,8% en 2026. Es decir que, en una década, el indicador retrocedió casi nueve puntos porcentuales.
A ese escenario se suma otra dimensión: el también reciente estudio “Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro”, realizado por investigadores del Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad de Buenos Aires, señala que el 48,9% de los jóvenes argentinos se encuentra en situación de vulnerabilidad social.
Dentro de ese universo de jóvenes, alrededor de dos de cada diez no estudian ni trabajan (los llamados ni-ni). Además, el trabajo identifica a un sector de jóvenes al que denomina “Triple Ni”, que son los que, por la propia desazón, no estudian, no trabajan, ni tampoco buscan empleo.
La IA, ¿una nueva dificultad?
Sobre ese mercado laboral ya deteriorado avanza ahora una transformación que puede impactar en los puestos iniciales: “Durante décadas existió un pacto silencioso que establecía que entrabas a un trabajo sin saber, te equivocabas, alguien te corregía y aprendías. Así, se construía la experiencia. Hoy ese pacto comenzó a romperse”, advierte el tecnólogo y emprendedor Santiago Bilinkis en un video difundido a través de sus redes sociales.
Según plantea, muchos empleos iniciales consisten precisamente en tareas sencillas, repetitivas o sujetas a instrucciones que actualmente pueden ser realizadas mediante inteligencia artificial.
Es allí, entonces, donde surge una paradoja: el mercado exige experiencia mientras la tecnología amenaza con reducir algunas de las oportunidades que históricamente permitieron adquirirla. “Si rompemos el inicio de la escalera, ¿de dónde van a salir los expertos del futuro? ¿Quién forma a los que empiezan?”, se pregunta Bilinkis.
La transformación tecnológica obliga, además, a ampliar la discusión más allá de la obtención del primer puesto de trabajo. Para Méndez Mingramm, en un mercado sometido a cambios cada vez más veloces ya no alcanza con pensar únicamente en una formación inicial.
“El desafío es que los jóvenes puedan iniciar una trayectoria laboral sostenible, continuar aprendiendo y tener herramientas para adaptarse a un mercado que probablemente cambiará muchas veces a lo largo de su vida”, plantea.
En ese sentido, la directora global de alianzas de la Fundación Forge asegura que la verdadera revolución es humana: “La gran pregunta ya no es solamente qué trabajos cambiarán o qué habilidades se van a necesitar sino qué implica esa revolución tecnológica y quién tendrá acceso a las oportunidades que ese futuro traerá. Y esas no son preguntas tecnológicas; son profundamente humanas porque el futuro del trabajo no será definido únicamente por los algoritmos sino también por las decisiones que tomemos las personas”.
Ese problema está precisamente entre los que buscan abordar las empresas que integran el movimiento Move the Future.
“El primer paso ha sido abrir vacantes reales, pagadas y con todas las de la ley para jóvenes sin experiencia previa, rompiendo el círculo vicioso del ‘no te contrato porque no tenés experiencia’”, destaca Ana Muro.
Además, las compañías comenzaron a establecer alianzas con organizaciones de la sociedad civil, fundaciones especializadas y universidades.
“A través de esta articulación multisectorial, las compañías no solo co-diseñan y financian trayectos de capacitación adaptados a las demandas de las áreas de negocio -combinando habilidades blandas con formación técnica y digital-, sino que también aseguran que exista un canal de reclutamiento inclusivo, transparente y con un acompañamiento cercano para los jóvenes en su transición hacia el mundo del trabajo formal”, detalla Muro.
Sin embargo, el camino de la transformación debe ser transitado también hacia adentro de las compañías. “Otro de los primeros pasos clave es la transformación interna: sensibilizar a los propios colaboradores de las compañías para que actúen como puente hacia la empleabilidad”, señala Muro.
En este punto, Manuel Silva, director de Asuntos Corporativos y Sostenibilidad de Scotiabank México, afirma que, si bien muchas veces se dice que las empresas enfrentan una “escasez de talentos”, en paralelo existen “millones de jóvenes que todavía encuentran barreras para poder acceder a oportunidades laborales de calidad”.
Más allá de puestos de trabajo
El movimiento -de carácter multiactoral- identifica tres problemas compartidos por los países latinoamericanos: la velocidad de la transformación tecnológica, la brecha entre la formación con la que egresan los jóvenes y las habilidades que demanda un mercado en permanente evolución, y la necesidad de una acción empresarial coordinada.
La apuesta de Move the Future -según sus propios impulsores- no termina en conseguir una determinada cantidad de contrataciones de jóvenes sino que las compañías revisen quiénes pueden acceder a ellas y bajo qué condiciones.
En esa línea, Méndez Mingramm plantea que el impacto del movimiento tampoco debería medirse únicamente por la cantidad de jóvenes alcanzados sino que sería sustancial observar cuántas empresas se incorporan, cuántas oportunidades laborales generan y, especialmente, qué prácticas empresariales logran transformar.
Para eso, el movimiento pretende avanzar desde experiencias individuales hacia cambios en las políticas empresariales y, más a largo plazo, incidir en la definición de políticas públicas vinculadas con el empleo juvenil.
Así, pone sobre la mesa una discusión que excede a la cantidad de puestos de trabajo. En un mercado laboral atravesado simultáneamente por la informalidad, las dificultades de acceso al primer empleo y una transformación tecnológica acelerada, el desafío también pasa por determinar qué lugar están dispuestas a ofrecer las empresas a quienes todavía no tuvieron la oportunidad de demostrar lo que pueden hacer.
La inteligencia artificial torna más urgente aún esa discusión. Si una parte de las tareas que tradicionalmente realizaban quienes recién ingresan al mercado laboral puede automatizarse, la pregunta deja de ser solamente cuántos empleos podrán desaparecer o transformarse, y obliga a pensar y repensar quién abre la primera puerta, cómo adquieren experiencia los jóvenes y cómo se forjarán los trabajadores especializados que el propio mercado demandará en el futuro, que es un futuro no tan lejano.
Para contactarse con los impulsores de la iniciativa o conocer más detalles: We Move the Future




















