Cuando los datos se convierten en soluciones colectivas

Una OSC integrada por jóvenes investigadores busca, a partir de la articulación y el trabajo colaborativo, transformar información pública en herramienta de innovación social.

Frente a desafíos sociales cada vez más complejos, resulta evidente que ningún actor puede abordarlos de manera eficaz si únicamente lo hace en soledad. Mientras las organizaciones de la sociedad civil conocen a fondo el territorio; las universidades producen conocimiento; los gobiernos administran información pública; los periodistas investigan; y las comunidades aportan experiencia y contexto.

Es claro, entonces, que cada uno de ellos posee una parte de la respuesta. El desafío consiste en lograr que esas capacidades dejen de trabajar en paralelo, y comiencen a complementarse y potenciarse.

El objetivo es consolidar un ecosistema de inteligencia pública y colectiva.

En un escenario atravesado por el crecimiento de la inteligencia artificial y las tecnologías digitales, son múltiples hoy las herramientas para construir conocimiento de manera abierta, compartir información y desarrollar soluciones colectivas con una velocidad impensada hasta hace pocos años.

A partir de esa convicción, nació una organización de la sociedad civil (OSC) llamada Inteligencia Colaborativa para el Desarrollo (ICD), integrada por jóvenes investigadores y especialistas de distintas disciplinas que se proponen transformar datos públicos dispersos en inteligencia útil para la innovación social.

De lo fragmentado a lo compartido

La propuesta de ICD parte de una observación sencilla: la información existe, pero suele permanecer fragmentada.

Muchas organizaciones producen datos valiosos, desarrollan investigaciones o generan diagnósticos pero rara vez dialogan entre sí.

Esta dispersión limita, sin duda, la capacidad de incidir sobre políticas públicas, fortalecer acciones o impulsar nuevas soluciones frente a crecientes desafíos sociales.

La verdadera innovación reside en articular capacidades, plantean desde la OSC.

Por eso, la OSC propone un modelo diferente. En lugar de producir conocimiento dentro de estructuras cerradas, su idea es promover una red abierta en la que universidades, organizaciones sociales, gobiernos locales, periodistas, investigadores independientes y ciudadanos puedan colaborar en torno a un mismo desafío o problemática.

Más que acumular información, la apuesta es ayudar a transformarla en inteligencia pública.

“Nuestro objetivo es conectar personas y organizaciones que trabajan sobre los mismos temas para convertir datos dispersos en inteligencia útil para la toma de decisiones y el fortalecimiento democrático”, explica Juan Manuel Pérez Naufel, director ejecutivo de Inteligencia Colaborativa para el Desarrollo.

La articulación como método

Inspirada en el concepto de “Nuevo Poder”, la asociación entiende que las soluciones más innovadoras no surgen necesariamente de grandes instituciones que actúan de manera aislada, sino de redes en las que el conocimiento circula, se comparte y se construye colectivamente.

Por ese motivo, lejos de entender a la colaboración como un valor abstracto, ICD la pone en acto. La propuesta que lanzaron, entonces, es a la vez una convocatoria, una invitación para que universidades, organizaciones, gobiernos locales, periodistas y ciudadanos se sumen a proyectos vinculados con cultura, política fiscal y sostenibilidad.

La idea es que actores que se alíen puedan aportar información, participar en investigaciones conjuntas, utilizar las bases de datos generadas y desarrollar acciones de incidencia apoyadas en evidencia compartida.

La iniciativa apunta a tender puentes para conformar red. Ese modelo -plantean desde la OSC con base en la ciudad de Buenos Aires- multiplica las posibilidades de construir diagnósticos más completos, evita duplicación de esfuerzos y permite generar herramientas útiles para distintos sectores al mismo tiempo.

Tres proyectos, un mismo modelo

Inteligencia Colaborativa para el Desarrollo ya tiene en marcha tres iniciativas, que están abiertas a la participación de nuevos aliados.

La primera es la llamada Radar Cultural, una plataforma colaborativa que geolocaliza espacios culturales independientes del Área Metropolitana de Buenos Aires para aumentar su visibilidad y fortalecer el vínculo con la comunidad. Actualmente busca incorporar centros culturales, gestores y organizaciones que quieran ampliar la red y publicar gratuitamente sus actividades.

En tanto, la segunda, es una iniciativa denominada Monitoreo Fiscal, un sistema que releva y analiza la carga tributaria provincial sobre personas y empresas para generar información útil para investigadores, organizaciones y tomadores de decisiones. En este caso, la convocatoria está dirigida a economistas, universidades e instituciones interesadas en participar tanto del relevamiento como de la difusión de los resultados.

El tercer proyecto es el Índice de Transparencia en la Minería Argentina (ITMA), una herramienta que evalúa la calidad y disponibilidad de la información pública vinculada con el impacto ambiental de proyectos mineros. El objetivo es aportar evidencia que fortalezca el seguimiento ciudadano y contribuya a mejorar la transparencia de una actividad estratégica para el país.

Las tres propuestas comparten una misma lógica: construir bienes públicos mediante la cooperación entre organizaciones que aportan conocimientos y capacidades diferentes.

Ampliar la red

Con ese horizonte, la organización ICD abrió una convocatoria para incorporar nuevos aliados de todo el país. Universidades, organizaciones de la sociedad civil, gobiernos locales, medios de comunicación, centros de investigación, colectivos ciudadanos y especialistas independientes pueden sumarse aportando información, participando en investigaciones, utilizando las bases de datos desarrolladas o integrando consorcios orientados a conseguir financiamiento para nuevas iniciativas.

Más que reclutar colaboradores, la organización busca consolidar un ecosistema de inteligencia pública -y colectiva- donde el conocimiento circule y se fortalezca a partir del intercambio.

Es que, según entienden desde la OSC, la verdadera innovación no reside únicamente en las herramientas digitales sino en la decisión de articular capacidades. Cuando esa interacción ocurre, los datos dejan de ser mera información para convertirse en un recurso capaz de impulsar transformaciones con verdadero impacto social. Y, esa potencia, multiplica.

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