Por Andrea Vulcano
En la Argentina, siete de cada diez niñas y niños que viven en parajes remotos enfrentan carencias graves en alimentación, acceso al agua o educación, lo mismo que sus familias, que viven con necesidades básicas insatisfechas.
En ese contexto, el Banco de Proyectos Comunitarios Rurales (BPCR) trabaja con
una lógica que lo distingue de otras fuentes de financiamiento: no ofrece préstamos económicos ni cobra intereses de ningún tipo sino que aporta recursos (en especies, dinero o conocimiento) a quienes las oportunidades les son nulas o esquivas.
«Es un banco donde el interés está en el otro», resumen desde el BPCR, una trama
impulsada desde la Red Comunidades Rurales -organización de la sociedad civil
que lleva 20 años de trabajo- junto a familias y organizaciones de base
comunitaria que buscan mayor independencia para su autogestión.
Diez proyectos a financiar
En lo que constituyó la cuarta convocatoria de este tipo, que se realiza en forma
anual, fueron elegidos diez proyectos de base territorial que recibirán un
financiamiento de entre 5 y 10 millones de pesos cada uno.
“Aprendimos que no hay que imponer sino potenciar lo que ya late en cada
paraje”,
asegura en diálogo con Intersección el director del Banco de Proyectos
Comunitarios Rurales, Facundo Ibarlucía.
Así, quienes recibirán esta ayuda serán -entre otras- la Asociación Franciscana
Pata Pila, que trabaja sobre el eje de soberanía alimentaria a través de la algarroba y la panadería ancestral; la Red Mujeres Rurales, que busca retroalimentar y potenciar aprendizajes; y la Asociación Cultural para el Desarrollo Integral (ACDI), que promueve la creación y el fortalecimiento de huertas educativas de autoconsumo en escuelas rurales de Tucumán.
“El financiamiento es solo un punto de partida: desde el Banco de Proyectos realizamos un esquema de acompañamiento y monitoreo continuo, tanto técnico como financiero, durante todo el ciclo de ejecución”, detalla Ibarlucía.
Una selección que para la pelota y abre el juego
El proceso de selección no fue sencillo: hubo dobles evaluaciones individuales sobre cada proyecto, revisión colectiva de los puntajes por parte de todos los miembros del Consejo Ecorregional y una puesta en común de aprendizajes.
«Esto no solo permite una evaluación calificada y menos subjetiva, sino también un mejor método de trabajo para identificar qué tipo de acompañamiento precisa cada organización que presentó proyecto», señalan desde el BPCR.
El Consejo Ecorregional del Banco -responsable la evaluación de las iniciativas
presentadas- está integrado por once organizaciones que representan a distintas regiones del país, desde la Selva Paranaense hasta la Estepa Patagónica.
“Las organizaciones que integran el Banco de Proyectos valoran que se les preste
especial atención a las pequeñas organizaciones sociales, asociaciones, cooperativas, escuelas de gestión social, comunidades aborígenes -entre otras-, que son las que más necesidades tienen y no suelen quedar seleccionadas en otras convocatorias nacionales o internacionales”, plantea Patricio Sutton, director ejecutivo de Red Comunidades Rurales, también en diálogo con Intersección.
Una vez puestas en marcha las iniciativas, se reúnen cada dos meses para generar “una comunidad de aprendizaje”, en palabras de Ibarlucía. “Allí intercambiamos no solo los aprendizajes de los proyectos actuales sino también
los que ya se implementaron. De esa manera, organizaciones de la Puna
conocen el trabajo de la Selva Paranaense o la Estepa Patagónica, y se generan
nuevos lazos, articulaciones y proyectos. También surgen inspiraciones para
desarrollar nuevas actividades”, agrega.
Sinergia y resiliencia
«Los proyectos más exitosos y resilientes son aquellos diseñados y liderados por los propios actores locales, que son las organizaciones de base, los docentes de escuelas rurales remotas, las madres, los padres y las redes de mujeres rurales.
El verdadero impacto ocurre cuando combinamos los saberes ancestrales y la identidad de cada ecorregión con herramientas técnicas, tecnología o infraestructura adaptada al terreno”, sostiene Ibarlucía.
Para Patricio Sutton, uno de los aspectos más valorados del Banco de Proyectos
por parte de las organizaciones de base “es el hecho de ser escuchadas y acompañadas con instancias de capacitación e intercambio constante”.
También, que puedan postularse para integrar el Consejo Ecorregional, que es el órgano interinstitucional de gobierno del BCPR. “De este modo, tienen una activa participación en el rumbo y mejoramiento de la iniciativa mientras aprenden de otras organizaciones e instituciones”, asevera.
Una red que crece con el apoyo de muchos
El BPCR no funciona solo. Cuenta con aliados estratégicos que aportan desde sus propias capacidades: PwC Argentina acompaña en auditoría; la agencia VML Argentina, que pone su granito de arena en materia de comunicación; General Motors prestará vehículos para operaciones en terreno; y entidades como el Instituto de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Conicet suman también su expertise.
Para Sutton, este tipo de compromiso es el que permite “reconstruir el tejido
social en la Argentina y transformar la asistencia en desarrollo humano justo y
ambientalmente sostenible».
El mayor desafío que tienen por delante -según Ibarlucía- es escalar y diversificar
los fondos, a partir de la suma de donantes individuales que actúen como verdaderos “padrinos de impacto”.
“Queremos que cualquier persona entienda que su aporte, por más chico que parezca, se traduce de forma directa y transparente en cosas reales: un kit de riego por goteo, internet satelital para un aula aislada, o insumos para que un grupo de mujeres siembre su propio alimento limpio”, plantea.
Eslabones de una cadena con valor
Por lo pronto, los fondos que serán distribuidos entre los proyectos seleccionados
en la actual convocatoria provienen de fuentes mixtas (aportes de individuos, fundaciones privadas del país y entidades de cooperación internacional), entre ellos la Fundación Interamericana, la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat y Global Fund for Community Foundations.
A eso se suman apoyos en servicios, becas y donaciones en especies, que tienen como protagonistas -entre otros- a la Comisión Pro Bono, PNUD Argentina, Force for Good, Red Argentina de Cooperación Internacional (RACI), Chicas en Tecnología y Pulgar Digital.
Y también los aportes de contraparte de las organizaciones que integran el Banco de Proyectos.
“Más que solo asistir, la esencia está, justamente, en fortalecer e involucrar a organizaciones que ya están trabajando en terreno con sus proyectos”, resalta el director del Banco de Proyectos Comunitarios Rurales.
La “scaloneta” de iniciativas
Las organizaciones y proyectos que quedaron seleccionadas en esta cuarta
convocatoria del BPCR son las siguientes:
● Federación Junta Unida de Misiones: mejora el acceso a alimentos seguros y fortalecimiento de la resiliencia económica de las comunidades en un marco de desarrollo sustentable.
● Fundación para el Estudio e Intervención Socio Ambiental (EISA): huella hídrica andina en Jujuy.
● Asociación Franciscana Pata Pila: soberanía alimentaria a través de la Algarroba y Panadería Ancestral.
● Red Mujeres Rurales: mujeres escalando aprendizajes en red.
● Fundación Cruzada Patagónica: Captación de Agua de Lluvia.
● API Mujeres Llanista: Api Tech 4E.
● Fundación Grano de Mostaza: “saberes que alimentan”, encuentro de generaciones en el Gran Chaco.
● ACDI: laboratorios agroeducativos en escuelas rurales de las yungas tucumanas.
● Asociación Protagonistas Digitales: promotoras digitales comunitarias .
● Fundación San Genaro: hub aula rural.
Más información
Quienes quieran acercarse al Banco de Proyectos Comunitarios Rurales pueden
hacerlo a través de www.bancodeproyectos.org.ar , escribiendo a red@comunidadesrurales.org o contactándose con el Whatsapp +54 9 11 6597-
7775.




















