domingo, mayo 10, 2026

Crean microbosques urbanos e impactan en la salud y el ambiente

Impulsado por el Club de Roma junto con el Gobierno porteño y el apoyo de empresas, este proyecto apunta a regenerar ecosistemas y mejorar la salud comunitaria en plena ciudad

Por Andrea Vulcano

 “Los microbosques nativos permiten representar y reconstruir ecosistemas en contextos urbanos donde la naturaleza fue desplazada”. El espíritu de la iniciativa es claro y así lo sintetiza Gonzalo del Castillo, director de la organización Club de Roma Argentina.

No se trata solo de plantar árboles; la estrategia es mucho más ambiciosa:  reconstruir ecosistemas completos en superficies reducidas, capaces de cumplir funciones ambientales clave.

Y no es en soledad:  el programa Microbosques Nativos y Salud es fruto del trabajo articulado entre el Club de Roma Argentina, la Fundación Pablo Cassará, la  Subsecretaría de Ambiente porteña, y el Ministerio de Salud local.

Desde su puesta en marcha, a comienzos de 2025, fueron creados dos espacios de este tipo en el ámbito sanitario de la ciudad de Buenos Aires: uno en el emblemático Hospital General de Niños Pedro de Elizalde y otro en el Centro de Salud y Acción Comunitaria (CeSAC) 27, ubicado en el barrio de Saavedra.

Previamente, el Club de Roma junto al Gobierno porteño y la empresa tecnológica PwC habían plantado 120 árboles y 80 arbustos nativos en el Parque de la Ciudad.

En paralelo, en este caso en articulación con la firma Naranja X, se plantaron más de 200 ejemplares de especies nativas en una superficie de 41 metros cuadrados junto al Lago de los Delfines, dentro del  Parque de la Ciudad.

De Japón a la Argentina, sin escalas

La particularidad, y al mismo tiempo ventaja, de los microbosques impulsados desde el capítulo argentino de la Fundación Club de Roma es la técnica utilizada para su desarrollo.

“El método Miyawaki es una de las principales fortalezas del proyecto. A través de la plantación de especies nativas de distintos estratos en alta densidad, se acelera el crecimiento y la maduración del bosque, y eso permite que el sistema se establezca en pocos años”, explica Del Castillo en diálogo con Intersección.

Y completa: “Es una técnica especialmente adecuada para ciudades, donde el suelo suele estar degradado y el espacio disponible es limitado, pero la necesidad de regeneración ambiental es urgente”.

Es un enfoque de restauración ecológica y forestación acelerada desarrollado por el botánico y ecólogo japonés Akira Miyawaki en la década del ‘70.

El objetivo es recrear bosques nativos densos y diversos que imiten la estructura de los bosques naturales potenciales de cada región, pero en un plazo mucho más corto que los naturales.

Para lograrlo, se parte de un estudio riguroso de la vegetación autóctona y se seleccionan múltiples especies de árboles y arbustos para luego plantarlas muy juntas en un terreno preparado, lo que genera competencia por la luz y los recursos, y acelera el crecimiento del bosque.

Se estima que los microbosques creados con esta técnica pueden crecer hasta diez veces más rápido y alcanzar una densidad treinta veces mayor que las forestaciones tradicionales.

A eso se suma una biodiversidad significativamente superior y beneficios ambientales clave: mayor captura de dióxido de carbono, regulación térmica, reducción de la erosión del suelo y mitigación del efecto de “isla de calor” en zonas urbanas.

Triple impacto

“No se trata solo de sumar verde sino de recuperar funciones ecológicas clave: mejorar la calidad del aire, regular la temperatura, capturar carbono y generar refugios para biodiversidad”, resume el referente del Club de Roma en el país.

También, asegura que, “en el caso de hospitales y centros de salud, estos espacios también aportan beneficios directos al bienestar emocional, reducen el estrés y favorecen entornos más saludables para pacientes, equipos de salud y comunidades”.

En tanto, desde el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se subraya que la creación de este tipo de bosques urbanos representa “una estrategia de triple impacto: ambiental, al mejorar la calidad del aire y del suelo, capturar carbono y promover la biodiversidad; social, al generar espacios verdes para el disfrute y la educación de la comunidad; y económico, al revalorizar el entorno urbano y fortalecer la resiliencia de la ciudad frente al cambio climático”.

 Por su parte, la Fundación Cassará remarca que, “en el contexto hospitalario, estos microbosques contribuyen a la resiliencia y el confort de los espacios sanitarios durante todo el año, además de su función terapéutica”.

A un contexto crítico, múltiples oasis

 La expansión de proyectos como el de microbosques urbanos se da en un contexto global crítico. A nivel mundial, la deforestación avanza a un ritmo alarmante: millones de hectáreas de bosques se pierden cada año por cambios en el uso del suelo.

La Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales 2025 (FRA 2025) de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), dio cuenta recientemente sobre una disminución registrada en la tasa de deforestación en todas las regiones del mundo durante la última década.

Sin embargo, advirtió que los ecosistemas forestales continúan enfrentando grandes desafíos, ya que la tasa actual de deforestación (10,9 millones de hectáreas por año en el período 2015-2025) sigue siendo alta.

Frente a este escenario, la restauración ecológica urbana adquiere un rol crucial, especialmente en ciudades densamente pobladas como la de Buenos Aires y los municipios del Área Metropolitana, donde la cantidad de espacios verdes por habitante se encuentra por debajo de las recomendaciones internacionales.

Un camino de siembra

 “El objetivo es seguir construyendo evidencia, sensibilizando sobre el vínculo entre ambiente y salud, y multiplicando estos espacios como parte de una estrategia de bienestar urbano”, afirma Gonzalo del Castillo, del Club de Roma, sobre el programa de articulación Microbosques nativos y salud.

El horizonte, incluso, es llevarlo a otras ciudades del país: “Desde la Fundación trabajamos en proyectos y acciones de regeneración en todo el país.

Nuestro objetivo es replicar la experiencia en otras ciudades, priorizando territorios donde exista articulación con sistemas de salud locales y actores comprometidos con la agenda ambiental”, adelanta.

En este sentido, plantea que la idea es que el programa pueda adaptarse a distintos contextos urbanos, “siempre con especies nativas y una fuerte impronta comunitaria”.

Es que, en pequeña escala, los microbosques urbanos proponen una respuesta concreta a desafíos globales, y reafirman el valor de la naturaleza como aliada clave para construir ciudades más saludables y resilientes.

Más información

 Club de Roma  

Proyecto de Microbosques 

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