Por Andrea Vulcano
En un contexto marcado por la crisis económica, la reducción del financiamiento internacional y una creciente demanda social, las organizaciones de la sociedad civil en la Argentina atraviesan un escenario complejo, crítico y desafiante a la vez.
El diagnóstico surge de un informe elaborado por la organización internacional Charities Aid Foundation (CAF) junto a la Red Argentina para la Cooperación Internacional (RACI), en el marco del World Giving Report 2025.
El estudio, basado en una encuesta a representantes de más de 120 organizaciones de la sociedad civil de todo el país, muestra a un sector que continúa funcionando y sosteniendo al tejido comunitario, pero bajo condiciones de fragilidad estructural.
La cuestión económica asoma como el principal desafío en ese escenario: el 88% de las OSC atraviesa problemas vinculados al financiamiento, una proporción superior al promedio global.
En tanto, tal como lo señala el director ejecutivo de la RACI, Guillermo Correa, frente a este contexto adverso, “la resiliencia y la colaboración definen el espíritu del sector social en la Argentina”.
Es que los períodos críticos ya forman parte del historial de las organizaciones en el país, la mayoría de las cuales con una o dos décadas de camino recorrido.
“La sostenibilidad financiera se destaca como el principal desafío para las organizaciones, estrechamente vinculada a la prolongada crisis económica del país y a su inflación crónica”, señala el trabajo.
En ese marco, añade que “el aumento de los costos y la pérdida del poder adquisitivo generan una presión adicional, afectando la retención de equipos y la continuidad de los programas”.
Es casi un denominador común en las organizaciones el hecho de depender de recursos locales y de corto plazo, y de tener cada vez más dificultades para el acceso a fondos internacionales -hoy también en franca retracción- u otro tipo de financiamiento.
En tanto, de los escasos fondos con los que cuentan, cerca de los dos tercios están asignados a proyectos específicos, lo que deja poco margen para cubrir costos operativos de la OSC o planificar a largo plazo.
Esta dinámica empuja a muchas organizaciones a operar en un “modo supervivencia”, donde garantizar la continuidad cotidiana se vuelve un objetivo en sí mismo.
“Mantener las operaciones ya es considerado un logro”, señala el informe, que describe a un sector más orientado a resistir que a crecer en esta etapa.
La base de la fragilidad
Los donantes individuales, los financiadores no gubernamentales y los contratos estatales continúan siendo los pilares centrales del financiamiento de las organizaciones de la sociedad civil en la Argentina, mientras que los ingresos provenientes de dotaciones (endowments) y de fuentes supranacionales siguen siendo escasos, sostiene el informe.
“El número promedio de fuentes de financiamiento es cercano a la cifra global, pero la composición revela un sistema más dependiente de recursos locales y de corto plazo que de fondos institucionales o internacionales.
Esta estructura ofrece cierta diversidad, pero deja a las organizaciones expuestas a las fluctuaciones de la economía y del contexto político nacional”, plantea.
Los ingresos de casi las tres cuartas partes de las organizaciones provienen total o mayormente del país, mientras que solo una pequeña proporción describe una combinación equilibrada o internacional.
“La fuerte dependencia de fuentes locales -muchas de ellas de corto plazo o basadas en proyectos- deja a las organizaciones vulnerables a los ciclos económicos nacionales, lo que evidencia cómo la concentración geográfica del financiamiento contribuye a la fragilidad financiera del sector”, concluye el estudio.
Mientras tanto, la presión social no da tregua. La mayoría de las organizaciones reporta un aumento sostenido en la demanda de sus servicios, en línea con una tendencia global.
No obstante, en la Argentina la posibilidad de las OSC de dar respuesta a esos requerimientos es hoy sensiblemente menor. Recursos limitados, equipos sobrecargados y apoyos insuficientes configuran un escenario en el que muchas de ellas funcionan al límite de sus capacidades.
“Esta fragilidad coexiste con demandas sociales crecientes y una disminución de los fondos externos, lo que genera un escenario en el que las organizaciones deben operar bajo una tensión constante, donde la incertidumbre y la volatilidad se han convertido en condiciones estructurales para la sociedad civil”, advierte el relevamiento de CAF y RACI.
En ese contexto, el sector social busca equilibrar “necesidades comunitarias crecientes con recursos limitados y una sensación persistente de incertidumbre sobre su capacidad de respuesta”, indica el trabajo.
Personas comprometidas, equipos agotados
El informe destaca, al mismo tiempo, el fuerte compromiso de quienes integran el sector social, pero advierte sobre la presencia de un desgaste creciente.
Reclutar y retener personal calificado se volvió un verdadero desafío, al igual que lograr una participación sostenida del voluntariado.
Casi ocho de cada diez organizaciones consideran que reclutar personal es difícil -muy por encima del promedio que se registra a nivel global- y muchas también enfrentan dificultades para garantizar el bienestar de su equipo.
“La incertidumbre económica, los salarios limitados y las altas exigencias emocionales contribuyen a una mayor rotación y agotamiento, especialmente en organizaciones más pequeñas”, analiza el informe internacional.
En este sentido, agrega que, “si bien el compromiso con la misión sigue siendo fuerte, sostener el capital humano se ha convertido en una de las vulnerabilidades más críticas del sector”.
En comparación con las organizaciones de la sociedad civil de otros países, las de la Argentina “enfrentan presiones más intensas”, subraya el documento.
A eso se suma una realidad creciente: los líderes de las organizaciones deben destinar dos tercios de su tiempo a resolver cuestiones cotidianas, lo que deja poco margen para el pensamiento a largo plazo o el desarrollo estratégico.
Más allá de estos condicionantes, en el estudio cuyos resultados fueron dados a conocer por la RACI, el capital humano de las OSC del país aparece como uno de los principales pilares de la resiliencia del sector: la motivación, la vocación y el sentido de propósito siguen siendo motores clave para sostener el trabajo cotidiano.
El Estado y los desafíos de legitimidad
Uno de los datos más relevantes del informe es la percepción sobre el rol del Estado. La mitad de las organizaciones considera que la influencia del Gobierno sobre el sector es negativa, lo que representa más del doble que el promedio que se registra a nivel global.
Predomina la sensación de distancia, burocracia y falta de reconocimiento, en un contexto de alta regulación pero bajo acompañamiento, describe el trabajo.
A esto se suma una brecha de confianza con la sociedad. Aunque las organizaciones se reconocen como esenciales para el funcionamiento del país, muchas sienten que su aporte es poco visible y subvalorado.
En ese marco, el informe subraya la necesidad de fortalecer la comunicación, la transparencia y la rendición de cuentas para construir mayor legitimidad pública.
Articulación con las empresas
Uno de los rasgos distintivos de las organizaciones de la sociedad civil en la Argentina es la transformación que se está dando en su mirada hacia el sector privado.
“En un contexto de reducción del financiamiento público, las organizaciones comienzan a ver a las empresas como aliadas potenciales para la incidencia y la articulación de agendas comunes”, indica el informe.
Sin embargo, señala que estas alianzas “aún están en desarrollo y dependen en gran medida de la confianza”.
“Los vínculos con el sector empresarial se perciben como cada vez más importantes para la sostenibilidad y la visibilidad”, subraya.
La resiliencia como rasgo distintivo
Pese a todo, el diagnóstico no es pesimista: el trabajo destaca fortalezas claras en el propósito, la identidad y la capacidad de colaboración de las organizaciones. Redes, alianzas y trabajo colectivo siguen siendo sostén en un entorno adverso.
De cara al futuro, el desafío para la sociedad civil argentina será transformar la resiliencia en sostenibilidad: diversificar ingresos, fortalecer capacidades internas, articular una voz colectiva y reconstruir vínculos de confianza con el Estado, el sector privado y la ciudadanía, afirma el informe.
“A pesar de enfrentar una inestabilidad económica persistente, fragmentación social y polarización política, las organizaciones sociales continúan sosteniendo la vida comunitaria, atendiendo necesidades desatendidas y promoviendo la justicia social.
Su presencia compensa, en muchos casos, la debilidad de las instituciones públicas, brindando servicios esenciales y espacios de participación donde la confianza aún encuentra un lugar”, analiza el trabajo.
Y completa: “En un país atravesado por la incertidumbre, el sector social continúa siendo un actor clave -aunque en gran medida invisible- para sostener el tejido comunitario”.
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