La producción agrícola argentina se duplicó desde comienzos del siglo XXI y para 2026 se proyectan exportaciones agroindustriales por 42.000 millones de dólares. Esos son los datos centrales del informe Situación Agricultura 2026 elaborado por BBVA Research, que analiza un sector que representa casi el 9% del PIB nacional y aportó cerca del 40% de las exportaciones totales del país en 2025. El gran motor del crecimiento fue el maíz, con un aumento del 263% en el período analizado, seguido por la soja con un 74% y el trigo con un 10%.
Tecnología como factor de competitividad
El salto productivo no se explica solo por la expansión de la superficie sembrada sino también por la incorporación de tecnología. En la actualidad, el 47% de la superficie sembrada se monitorea en tiempo real mediante agricultura de precisión y digitalización, lo que permite optimizar el uso de insumos, anticipar riesgos y mejorar rendimientos por hectárea.
Esta transformación tecnológica tiene implicancias que van más allá de la productividad: reduce la huella ambiental por unidad producida, mejora la trazabilidad de los cultivos —un requisito creciente en los mercados de exportación— y abre la puerta a nuevos modelos de gestión del riesgo agroclimático.
Posición global
Argentina mantiene posiciones estratégicas en los mercados globales de las tres principales oleaginosas y cereales. La ventaja exportadora más pronunciada se concentra en el maíz y en los derivados de la soja, especialmente harina y aceite. Para la campaña 2026/27, el país se consolida como cuarto productor mundial de girasol y tercer exportador global de ese cultivo.
Los cuatro complejos agrícolas principales —soja, maíz, trigo y girasol— son la principal fuente de ingreso de divisas del país, un dato que ubica al sector como actor central no solo en la economía real sino también en el equilibrio macroeconómico argentino.
El Niño y el riesgo de excesos hídricos
El informe advierte que para la campaña 2026/27 existe entre un 75% y un 80% de probabilidades de un fenómeno de El Niño extraordinario. Históricamente, ese fenómeno climático favorece mejores rendimientos en soja y maíz, pero también trae el riesgo de excesos de lluvias que pueden generar problemas en la infraestructura necesaria para levantar y transportar la cosecha.
La variable climática sigue siendo uno de los principales factores de volatilidad en un sector que depende críticamente de las condiciones atmosféricas.
En el plano económico, el informe señala que menores impuestos a la exportación mejoran el ingreso del productor y favorecen la inversión, una variable de política pública con efecto directo sobre las decisiones de siembra y la capacidad de capitalización del sector.
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