La Argentina cuenta con más de 150 empresas dedicadas al reciclado de plásticos y una industria que tiene capacidad para procesar mucho más material del que recibe. Sin embargo, existe una dificultad estructural: se trata del único país entre los cinco principales de Latinoamérica que no cuenta con una ley que obligue a las empresas a financiar la gestión de los envases luego del consumo ni tampoco con metas de incorporación de material reciclado.
Así lo señala el Dossier de Economía Circular de los Plásticos 2026, presentado por Ecoplas, una asociación civil especializada en plásticos y medioambiente. El informe advierte que, durante el año pasado, el volumen de plásticos recuperados cayó un 11% respecto del año anterior, mientras que la industria recicladora registra una capacidad ociosa cercana al 50%.
La falta de reglas para organizar y financiar la recuperación de envases aparece como uno de los principales obstáculos para ampliar el reciclaje y reincorporar más materiales al proceso productivo.
Una ley pendiente
El mecanismo que busca promover el sector se conoce con el nombre de Responsabilidad Extendida del Productor (REP). Consiste en establecer obligaciones para las empresas que ponen en circulación envases en el mercado, también participen en el financiamiento y la gestión de esos materiales una vez que son descartados por los consumidores.
Este sistema permite organizar la recolección diferenciada y el reciclado, con el objetivo de que los residuos recuperables efectivamente vuelvan a ser utilizados como materia prima.
Según Ecoplas, países como Chile y Colombia ya establecieron objetivos obligatorios y mecanismos de control. En cambio, la Argentina no cuenta con una legislación nacional de estas características. La ley de residuos domiciliarios, vigente desde 2004, no contempla este esquema y los proyectos presentados en el Congreso permanecen pendientes de tratamiento.
“Esta falta de reglas comunes limita el material que puede volver a la industria”, señala Verónica Ramos, directora ejecutiva de Ecoplas.
En este sentido, señala que “cada municipio resuelve con los recursos que tiene a disposición, y eso hace que el reciclado dependa del lugar donde uno vive”.
“Una ley nacional le daría a todo el país una gestión sostenible de los reciclables”, subraya.
El problema se refleja también en la disposición final de los residuos: según el informe, en el país existen unos 6.000 basurales a cielo abierto, pese a que más del 40% de los materiales descartados podría reincorporarse a la industria como materia prima.
En este contexto, la Unión Industrial Argentina (UIA) y 13 cámaras sectoriales firmaron este año un compromiso conjunto para impulsar la sanción de una Ley Nacional de Gestión Integral de Envases, una iniciativa que busca establecer reglas comunes para el tratamiento de los envases post consumo y avanzar hacia un modelo de economía circular.
Allí estuvo comprendida también Ecoplas y su socia fundadora, la Cámara Argentina de la Industria Plástica (CAIP).
Cuando da para más
A pesar de las dificultades, el reciclado de plásticos creció durante las últimas dos décadas. Según el informe difundido por Ecoplas, entre 2003 y 2023 se recuperaron más de 4 millones de toneladas de material, y actualmente la actividad reúne a más de 150 empresas que generan empleo en distintas regiones del país.
El sector también incorporó herramientas destinadas a facilitar la recuperación y reutilización de materiales. Entre ellas se encuentran el ecodiseño, que considera las posibilidades de reciclado desde la creación de un producto; la utilización de envases fabricados con un solo tipo de plástico, conocida como monomaterialidad; y la incorporación de material reciclado en nuevos productos.
Estos avances permiten, por ejemplo, reemplazar envases compuestos por varias capas de materiales por otros más fáciles de reciclar.
También favorecen la utilización de plástico recuperado en nuevos productos, incluso en determinadas aplicaciones de envases que están en contacto con alimentos.
Sin embargo, la disponibilidad de tecnología y capacidad industrial no garantiza, por sí sola, que aumente el volumen de materiales recuperados.
Hacia una economía circular
Otro de los aspectos que destaca el informe de Ecoplas es la necesidad de contar con mecanismos que permitan verificar las características ambientales de los productos y envases.
Con ese objetivo, la OSC desarrolló dos certificaciones. La primera, conocida como La Manito, identifica envases fabricados con un solo tipo de plástico que pueden reciclarse. El sello se incorpora al producto y busca facilitar tanto la separación de residuos en los hogares como su posterior clasificación por parte de los recuperadores.
La segunda, desarrollada junto con el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), permite verificar el porcentaje de plástico reciclado que contiene un producto, a partir de un mínimo del 15%.
Según Ecoplas, se trata de la primera certificación de estas características en el país. Su objetivo es ofrecer respaldo técnico a las empresas que incorporan materiales recuperados. La asociación trabaja, además, para que tenga reconocimiento internacional y pueda ser utilizada por las compañías exportadoras.
El salto
Para Ecoplas, la Argentina dispone de experiencia, capacidad industrial y herramientas técnicas para incrementar el reciclado de plásticos, pero necesita un marco regulatorio que permita organizar la recuperación de envases a escala nacional.
“El trabajo en red entre el sector privado y público es nuestro mayor activo, pero no puede escalar solo. Estamos listos para dar el próximo salto, pero hace falta un marco nacional que garantice que los envases vuelvan al circuito productivo”, plantea Verónica Ramos.
La entidad considera que una ley de Responsabilidad Extendida del Productor permitiría establecer reglas comunes para financiar y organizar la gestión de los residuos reciclables y aprovechar una mayor proporción de la capacidad instalada de la industria.
El desafío, plantea el informe, no es solamente mejorar las tecnologías de reciclado, sino generar las condiciones para que más envases descartados puedan recuperarse y volver al circuito productivo.














