Una alianza por la educación rural para ampliar oportunidades

La articulación de varios actores derivó en Wikiparajes, una plataforma digital colaborativa en la que los alumnos comparten información sobre sus comunidades. La iniciativa abarca a 98 escuelas secundarias y más de 11.000 estudiantes de Río Negro

Por Andrea Vulcano

¿Qué historias guarda cada uno de los tantos parajes que se encuentran a lo largo y a lo ancho de la provincia de Río Negro? ¿Qué se puede conocer, producir o hacer en esos lugares? ¿Dónde podría alojarse alguien que llega de visita? ¿Qué patrimonio natural y cultural albergan?

Responder esas preguntas forma parte de una iniciativa que llevan adelante estudiantes de la Escuela Secundaria de Río Negro (ESRN) en su modalidad rural virtual. Se trata de Wikiparajes, una plataforma digital colaborativa en la que los alumnos y alumnas vuelcan información sobre sus comunidades, entrevistan a sus habitantes y recuperan historias y saberes.

“Wikiparajes está construida con la voz y la mirada de los propios estudiantes”, señala en diálogo con Intersección Corina Acosta, directora de Educación Secundaria del Ministerio de Educación de Río Negro.

Sin embargo, detrás de esta iniciativa hay una experiencia mucho más amplia. La escuela rural virtual, creada originalmente para que adolescentes de zonas alejadas pudieran cursar la secundaria sin abandonar sus comunidades, busca hoy dar otro paso: fortalecer el vínculo con el territorio, el mundo del trabajo y los estudios superiores para ampliar las posibilidades después del egreso.

“Hay un primer desafío que es común a todos los jóvenes pero que, en contextos rurales, adquiere una dimensión particular: poder imaginar y construir un proyecto para después de la escuela secundaria”, señala Guillermina Laguzzi, especialista en Educación y Trabajo, y responsable de Proyectos Regionales de la oficina argentina de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) en declaraciones a Intersección.

Esa búsqueda se desarrolla a partir de una articulación entre el Estado provincial, organizaciones, empresas e instituciones educativas.

Estudiar sin abandonar el paraje

La experiencia de esta modalidad educativa comenzó en 2009 y, desde 2017, lleva el nombre de ESRN Rural Virtual. Actualmente cuenta con unos 335 estudiantes distribuidos en anexos ubicados en 26 parajes de Río Negro.

El formato combina el trabajo virtual con una fuerte instancia presencial: los jóvenes concurren todos los días durante cinco horas a sedes que funcionan en distintos espacios institucionales de sus comunidades. Desde allí trabajan con una plataforma educativa online y cuentan con el acompañamiento de docentes, mientras los profesores de las distintas áreas se encuentran en Viedma y mantienen una comunicación permanente con ellos.

La modalidad tiene el mismo diseño curricular que las escuelas secundarias tradicionales y trabaja con un modelo pluriaño. Las sedes cuentan con computadoras y conectividad y los estudiantes participan además de videollamadas, proyectos compartidos e instancias de encuentro con compañeros de otros parajes.

Su creación respondió a una dificultad concreta. “Antes, la mayoría de los chicos tenía que ir a una residencia estudiantil, lo que generaba desarraigo familiar. La respuesta que ofrece esta modalidad permite fortalecer los vínculos y reforzar el sentido de pertenencia con sus lugares de origen”, señala Acosta.

Umberto Aníbal Niripil conoce esa experiencia de los dos lados. Egresó en 2014 del Anexo 16 de Aguada Cecilio, un pequeño paraje rural ubicado sobre la Ruta Nacional 23, a unos 35 kilómetros de Valcheta, en plena estepa patagónica. Después de completar la secundaria sin dejar su pueblo, se trasladó a Viedma para estudiar el Profesorado de Educación Física. Se recibió en 2019 y, desde 2025, trabaja como docente de Anexo de la ESRN Rural Virtual en Sierra Pailemán, otro paraje ubicado a 45 kilómetros de su lugar natal.

“Pude vivir mi adolescencia junto a mi familia y mis amigos, sin tener que alejarme de mi comunidad para poder estudiar”, cuenta a Intersección. El acompañamiento familiar, recuerda, fue también un impulso para comenzar a pensar qué quería hacer después.

Hoy aparece una nueva pregunta: una vez garantizada la posibilidad de estudiar sin irse, ¿cómo hacer para que vivir lejos de los grandes centros urbanos no limite el horizonte al terminar la secundaria?

“Para poder elegir hay que conocer: conocer qué se puede estudiar, dónde, qué actividades productivas se desarrollan en el territorio, qué ocupaciones existen, cuáles están surgiendo, qué capacidades requieren y qué recorridos permiten llegar a ellas”, explica Laguzzi.

En los parajes, advierte, “la distancia respecto de esas oportunidades no es solamente geográfica: también puede ser una distancia de información, de vínculos y de experiencias”.

Una alianza alrededor de la escuela

Desde 2024, el Ministerio de Educación de Río Negro trabaja junto con el Grupo de Fundaciones y Empresas (GDFE) y la OEI en una política destinada a fortalecer la vinculación de las escuelas secundarias con el mundo del trabajo, los estudios superiores y su entorno.

La iniciativa no se circunscribe a la educación rural: actualmente abarca a 98 escuelas secundarias y más de 11.000 estudiantes de toda la provincia. Participan además el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y empresas, fundaciones e instituciones educativas.

El objetivo es que la relación de las escuelas con actores externos no dependa solamente de iniciativas aisladas, sino que pueda construirse de manera sistemática y sostenerse en el tiempo. Entre otras acciones, se realiza un mapeo de empresas, organizaciones, universidades e instituciones de las distintas localidades que podrían vincularse con proyectos educativos.

“El mapeo de actores por localidades tiene como objetivo facilitar a las escuelas ver con quiénes pueden vincularse”, explica Acosta. Las iniciativas se organizan en tres grandes áreas: emprendedurismo, experiencias educativas laborales y tutorías especializadas.

En el caso de la ESRN Rural Virtual, esa apertura se combina con una fuerte mirada sobre el propio territorio. Además de Wikiparajes, los estudiantes trabajan en propuestas de senderos turísticos y generan información sobre qué visitar, dónde alojarse, qué comer y qué recursos naturales y culturales existen en cada lugar. En esos proyectos se articula también con la Secretaría de Turismo provincial.

“Wikiparajes muestra muy bien que en cada lugar hay historias, conocimientos, patrimonio, actividades productivas, turismo, gastronomía y saberes que pueden convertirse en oportunidades de formación, de trabajo y de desarrollo local”, subraya la responsable de Proyectos Regionales de la OEI.

Articular no es solo reunir actores

La participación de instituciones con objetivos, tiempos y lógicas diferentes plantea sus propios desafíos. La OEI acompaña al Ministerio de Educación rionegrino desde el diseño de la iniciativa, con asistencia técnica, herramientas y metodologías y trabajo con las escuelas.

“Articular no es simplemente reunir actores. Para que esa articulación funcione y pueda sostenerse en el tiempo tiene que haber un propósito compartido, responsabilidades claras, confianza y continuidad”, advierte Laguzzi.

También marca un límite central para ese vínculo: “Articular educación y trabajo no significa poner a la escuela al servicio de las necesidades de las empresas. Significa ampliar las oportunidades de los jóvenes, ayudarlos a comprender un mundo del trabajo que está cambiando, acercarlos a diferentes experiencias y brindarles más herramientas para construir sus propios proyectos”.

Empresas que acompañan una política pública

Para las empresas y fundaciones involucradas, el modelo implica también revisar la forma tradicional de pensar la inversión social privada.

Pablo Aldrovandi, gerente ejecutivo de Fundación Siemens Argentina e integrante de la comisión directiva del GDFE, sostiene que los proyectos desarrollados individualmente por empresas y fundaciones encuentran límites cuando se busca alcanzar una transformación de mayor escala.

“Los que tenemos una trayectoria haciendo inversión social privada en educación nos dimos cuenta que los proyectos que llevamos adelante en cada una de las escuelas, con ministerios, con municipios, nos están quedando chicos y no son escalables, no nos permiten asegurar una verdadera transformación social y educativa”, señala a Intersección.

La alternativa, sostiene, es acompañar políticas públicas aun cuando eso implique invertir fuera de las zonas habituales de influencia de las compañías, en iniciativas no necesariamente vinculadas con su actividad principal y cuyos resultados pueden demandar más tiempo.

Para Aldrovandi, eso no supone abandonar los proyectos relacionados con el negocio de cada empresa, sino hacer convivir ambas agendas. “Debemos seguir invirtiendo en proyectos territoriales alineados al core de negocios de nuestras fundaciones y empresas, pero que también es posible ordenarnos en una inversión privada estratégica por una política pública, que es posible que nos podamos poner de acuerdo, que es posible que podamos invertir socialmente no necesariamente en nuestra zona de influencia”.

Ese es, afirma, “un poco el espíritu del concepto acción colectiva que promovemos desde el GDFE”. Una perspectiva que supone iniciativas “mucho más plurales, mucho más desafiantes y mucho más difíciles de defender internamente”, pero que considera parte de la responsabilidad actual de quienes conducen estrategias de inversión social privada.

En esa concepción, la participación empresarial busca complementar y no sustituir la responsabilidad estatal. Entre los desafíos, Aldrovandi menciona lograr que los ministerios comprendan “que venimos a reforzar y colaborar sus políticas públicas; no venimos a desplazarlos sino a acompañar y potenciar”.

Arraigo no es quedarse

La posibilidad de que los adolescentes estudien en el lugar donde viven constituye uno de los puntos de partida de la ESRN Rural Virtual, pero la propuesta no busca que los jóvenes necesariamente permanezcan allí.

“El desafío es que vivir en un paraje no limite de antemano los futuros que un joven puede imaginar para sí mismo. Que pueda quedarse, irse a estudiar, volver, trabajar, emprender o combinar distintas alternativas. En definitiva, que pueda elegir”, plantea la referente de la OEI.

La trayectoria de Niripil ofrece un ejemplo concreto. Cuando cursaba cuarto año en Aguada Cecilio ya había decidido que quería estudiar Educación Física. Entre sus referencias estuvo César Casas, uno de sus profesores, que continúa trabajando en el mismo anexo donde él cursó.

“Yo lo observaba en su manera de relacionarse con sus alumnos y con las demás personas. Muchas veces conversábamos y escuchaba sus consejos, que fueron muy importantes para mí y me ayudaron a pensar en mi futuro”, recuerda.

Después llegó Viedma, la formación docente y, años más tarde, el regreso a la educación rural, ya como educador. En Sierra Pailemán, Niripil es hoy el referente institucional de la sede: acompaña las actividades de las diferentes áreas, articula con los profesores que trabajan a distancia y mantiene el vínculo cotidiano con estudiantes y familias.

Desde ese lugar reconoce situaciones que le recuerdan a su propia adolescencia. Cuenta, por ejemplo, que uno de sus alumnos sale de la escuela y, durante la tarde, “anda en su caballo para todos lados”. Para él, esa escena expresa algo central del modelo: los jóvenes pueden estudiar sin abandonar actividades, vínculos y experiencias que forman parte de su vida cotidiana.

Por eso considera que la escuela rural virtual “no solamente permite estudiar, sino que también permite que los jóvenes puedan continuar viviendo y creciendo junto a sus familias y dentro de su comunidad”.

La virtualidad tampoco implica que cada sede funcione de manera aislada. En noviembre de 2025, un centenar de estudiantes de diferentes parajes llegó a Viedma para compartir proyectos y recorrer la capital provincial. En junio de este año, unos 60 participaron del Encuentro Provincial de la ESRN Rural Virtual en El Cóndor. “Se piensa que la escuela es una, con sentido de pertenencia”, explica Acosta.

Las distancias también cambian

Entre la experiencia escolar que vivió Niripil y la que atraviesan hoy sus alumnos existe una diferencia crucial: el desarrollo de la tecnología.

“Recuerdo que cuando yo era estudiante demandaba muchísimo tiempo enviar una actividad; y ni hablar cuando teníamos que enviar videos o archivos pesados”, relata. Hoy, sostiene, las nuevas herramientas y la conectividad permiten trabajar de otra manera.

Los avances tecnológicos resultan especialmente importantes en las escuelas rurales porque, según Niripil, “permiten acortar distancias y generar nuevas posibilidades de comunicación y aprendizaje”.

Sin embargo, reducir las distancias tecnológicas no es el único desafío. Para Acosta, otro objetivo es conseguir que los proyectos impulsados desde las escuelas lleguen efectivamente a concretarse, que sean viables y significativos. Desde la OEI ponen además el foco en la escala y la sostenibilidad.

“Que estas experiencias no sean actividades aisladas sino que formen parte de una política institucional; que cada vez más escuelas construyan redes y que podamos acompañar especialmente a aquellas que, por su localización, tienen mayores dificultades para hacerlo”, sostiene Laguzzi.

La experiencia puede servir para otros lugares del país, considera, pero no como una fórmula que pueda trasladarse sin modificaciones.

“Lo replicable es el enfoque. Cada territorio tiene que construir su propia red de acuerdo con sus características productivas, sociales, educativas y culturales”, destaca.

Mirar el territorio, imaginar el futuro

La plataforma Wikiparajes condensa buena parte de lo que se busca en este proyecto educativo: los estudiantes parten de aquello que conocen -sus paisajes, historias, vecinos, actividades y saberes-, lo investigan y lo transforman en información que puede ser compartida.

No se trata solamente de acercar el mundo exterior a comunidades geográficamente alejadas sino también de mirar de otra manera lo que tienen alrededor.

La historia de Niripil suma otra dimensión: pudo estudiar sin abandonar Aguada Cecilio, después se fue a formar a Viedma y terminó regresando a la educación rural desde un lugar diferente.

“Hoy tengo la posibilidad de devolver parte de esa oportunidad acompañando a otros jóvenes que, como yo en aquel momento, están comenzando a pensar qué quieren ser el día de mañana”, afirma.

Su recorrido sintetiza, en escala individual, uno de los desafíos que atraviesa toda la experiencia. Tal como plantea Guillermina Laguzzi, “la escuela no puede decidir qué futuro va a elegir un joven pero sí puede trabajar para que tenga muchos más futuros entre los cuales elegir”.

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