Por Andrea Vulcano
Los parajes Santa Cruz del Monte y Bella Vista -cercanos a las localidades misioneras de Pozo Azul y San Pedro- son los protagonistas de esta historia. En realidad, no lo son los parajes en sí, sino 37 familias que le dan vida a esta iniciativa.
El objetivo es tan simple como titánico: que la producción camine de la mano de la conservación, en este caso de los bosques nativos. Ése es el espíritu del proyecto Familias Cultivando Agua y Biodiversidad en Misiones.
Guiado por ese faro, combina restauración del bosque, producción sustentable, acceso al agua y capacitación para fortalecer la vida rural sin avanzar sobre la selva.
“Muchas familias se veían obligadas a avanzar sobre el bosque para ampliar la superficie destinada a sus actividades. Al implementar obras y capacitaciones que mejoran la capacidad productiva en la superficie actual, las familias pueden aumentar su productividad sin necesidad de deforestar”, cuenta Wilma Amarilla, analista de bosques de Fundación Vida Silvestre Argentina.
En diálogo con Intersección, plantea:
“Promover prácticas más eficientes, actividades amigables con el ambiente y acciones que mejoran las condiciones ecológicas del territorio es clave para garantizar que la producción se consolide sin sacrificar bosques”.
El departamento San Pedro alberga uno de los remanentes más extensos de bosque nativo de la provincia de Misiones y forma parte del Bosque Atlántico, un ecosistema compartido regionalmente con Paraguay y Brasil. En las últimas cuatro décadas, este bosque lleva perdidos unos 6,6 millones de hectáreas, mientras que, en Misiones, la disminución alcanza el 14,9%.
Un proyecto a diez años
La propuesta de desarrollo territorial del plan trazado desde la Fundación Vida Silvestre junto con las familias rurales y en articulación con la provincia y la Nación, se organiza en torno a componentes desplegados en una planificación a diez años que contempla obras, actividades y metas para consolidar la iniciativa.
El proyecto cuenta con la aprobación de la Subsecretaría de Ambiente de la Nación y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Además, fue ratificado por el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables de Misiones y se contextualiza en el Proyecto Pago por Resultados de REDD+ de la Argentina.
Wilma Amarilla, referente de Vida Silvestre, destaca como una de las principales fortalezas de esta experiencia el “compromiso de las familias participantes”.
“Se trata de vecinos que ya venían trabajando de manera conjunta en sus producciones, muchos de ellos con prácticas orgánicas y con una comprensión profunda de la importancia de conservar el bosque nativo. Este contexto social facilita el trabajo en equipo, la apropiación del proceso y la comprensión de los tiempos que requieren los proyectos”, enfatiza.
A nivel país, existen 95 planes de este tipo en proceso de formulación en 17 provincias, pero éste fue el primero en obtener aprobación.
Acción en tres ejes
Producción, conservación del bosque nativo y mejoras en las condiciones de vida son los tres ejes del proyecto puesto en marcha en dos parajes de Misiones, que se desarrolla bajo la modalidad de Plan Integral Comunitario (PIC).
De las 792,4 hectáreas que abarca la iniciativa, 448,10 corresponden a bosques nativos.
La propuesta combina diversos ejes de trabajo, entre ellos manejo forestal, ganadero y apícola; turismo y artesanías; manejo de fauna y de productos forestales no maderables; acceso a servicios básicos y prevención de incendios forestales.
El objetivo es fortalecer sistemas productivos sostenibles al mismo tiempo que se conserva y se amplía la cobertura del bosque.
Restaurar el bosque
Bajo este entramado de actores, las 37 familias rurales protagonistas de esta historia que comienza a escribirse podrán mejorar la productividad de sus chacras sin necesidad de avanzar sobre los bosques nativos.
Entre otras acciones previstas, durante el primer año de trabajo, cada familia plantará 100 plantines de especies nativas en áreas identificadas para restauración, con el objetivo de mejorar la estructura del bosque y fortalecer la conectividad entre distintos parches de vegetación.
En paralelo, se buscará impulsar actividades productivas. En el componente apícola, por ejemplo, se fortalecerá la sala de extracción de miel y se brindará apoyo con insumos y materiales a nueve familias, para que puedan iniciar la actividad o ampliar su producción.
También se prevén acciones vinculadas a la ganadería. En ese aspecto, se buscará reducir la presión del ganado sobre los arroyos y evitar la degradación de sus márgenes. Para eso, serán instalados 16 bebederos en las chacras de ocho familias, lo que permitirá alejar a los animales de los cursos de agua.
El agua, la prioridad
Uno de los componentes centrales del proyecto está relacionado con el acceso al agua.
Para mejorar las condiciones de las familias que viven en la zona, el plan prevé la adecuación de 25 vertientes destinadas al consumo y uso doméstico. Además, se construirán siete tajamares, reservorios que permitirán garantizar agua para los animales.
Todas las inversiones contempladas para el primer año estarán acompañadas por instancias de capacitación, con el objetivo de fortalecer las capacidades de las familias y apuntalar la implementación de las acciones previstas.
Además, la puesta en marcha del proyecto incluye la creación de un Comité de Seguimiento, integrado por autoridades nacionales, provinciales, la Fundación Vida Silvestre Argentina y las familias beneficiarias.
“Estamos convencidos que la conservación y restauración de los bosques solo es viable con la participación activa de las comunidades locales y, por eso, buscamos e implementamos estrategias en este sentido”, destaca Wilma Amarilla.










