Diecisiete entidades financieras compartieron datos, metodologías y resultados para producir algo poco frecuente en el sector: un reporte consolidado que permite comparar el impacto real de sus programas de educación financiera para jóvenes.
El Reporte Consolidado de Educación Financiera 2026 del Protocolo de Finanzas Sostenibles, elaborado con el acompañamiento del BID y BID Invest, muestra que entre enero y septiembre de 2026 se alcanzó a 167.755 jóvenes, con un 56% de participación femenina y una mejora medible en el nivel de conocimiento: el promedio de respuestas correctas pasó del 66% antes de la capacitación al 75% al finalizar.
Un marco común para medir
El valor del reporte no está solo en los números sino en la metodología que los hace comparables. Las entidades acordaron contenidos mínimos y tres indicadores comunes: alcance, efectividad e impacto. Ese marco permite entender qué funciona y mejorar los programas año a año, en lugar de que cada institución evalúe sus resultados con criterios propios e incomparables entre sí.
Los avances más significativos en conocimiento se registraron en las áreas de ahorro y uso de productos financieros. El NPS del programa alcanzó el 40%, con el 51% de jóvenes promotores y solo el 11% de detractores. Un dato que marca tendencia: los jóvenes llegan a las capacitaciones con más conocimientos previos que en diciembre de 2025 —66% de respuestas correctas al inicio, frente al 57% anterior— lo que sugiere que el ecosistema de formación financiera está teniendo un efecto acumulativo en la población joven.
Galicia y 8.000 certificaciones
Dentro del Protocolo, Galicia participa con Finanzas a Mano, su programa de educación financiera para jóvenes. En lo que va de 2026, el programa superó las 30.000 personas inscriptas y más de 8.000 ya obtuvieron su certificación avalada por la Universidad de Buenos Aires, un respaldo académico que le agrega valor concreto al aprendizaje más allá de la experiencia del curso.
“La educación financiera es una herramienta fundamental para que los jóvenes puedan desarrollar proyectos de vida con mayor autonomía.
Ser parte del Protocolo nos permite medir nuestro impacto con estándares comunes y sumar esfuerzos con otras entidades para llegar a más jóvenes de todo el país”, señaló Constanza Gorleri, Chief Sustainability Officer de Galicia.
La lógica del reporte es también una declaración de principios sobre cómo puede funcionar la colaboración entre competidores cuando el objetivo es sistémico. Las entidades participantes decidieron compartir datos y aprendizajes con la convicción de que cuando los bancos trabajan juntos, el impacto va más allá de lo individual y se convierte en un cambio que beneficia a toda la sociedad.
Esa apuesta por la transparencia y la medición estandarizada es también una señal hacia los reguladores y la sociedad civil: el sector financiero puede rendir cuentas sobre el impacto social de sus programas con la misma rigurosidad con que reporta sus resultados económicos.
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